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Rueda de Prensa

¿Qué presupuesto tenía el proyecto?

El propio presupuesto parte de José Luis. Él vendió su casa e invirtió ese dinero en el proyecto. A parte, teníamos unos patrocinios que nos ayudaban mes a mes a mantenernos pero es un disparate de gastos. Hay un montón de cosas no cuantificables. ¿Cuánto vale el trabajo de tres personas durante dos años? ¿Cuánto vale la postproducción? No obstante, un perito nos viene a decir que costaría 1’5 millones de euros de los cuales nosotros renunciamos a una gran parte por el trabajo que hicimos.

Si tuvieras que escoger un sitio de los que has visitado para quedarte a vivir, ¿cuál sería?
Hay unos cuantos sitios. Si me haces elegir sólo uno diría Brasil. De pequeño viví en Fortaleza con mis padres y tuve la suerte de poder volver allí en este viaje. Ahí tengo ciertas raíces.

¿Qué sentiste cuando volviste a casa?
El viaje era de ida y vuelta. El primer impacto fue muy bueno, el reencuentro con tu gente es un poco onírico. Te reenganchas a ciertas rutinas, descansas, pones la televisión y ves a los tipos de siempre en programas que nunca te han gustado y dices: “Todo sigue igual” y eso está bien. Luego hay un segundo paso en que vuelves a decir “está todo igual”, pero ahora añades “quiero volver”.

¿Cuál es la característica que más te sorprendió de las tribus indígenas?
Todos tienen en común muchas cosas y eso es quizás lo que más me impactó. Ese amor por su naturaleza, por su tierra, por sus muertos, por sus ancianos… a veces te hacen replantear los valores que estamos perdiendo aquí. Aprendes a respetar todo tipo de vidas y ellos también te enseñan mucho.

¿Cómo consideras el hecho de ser, por decirlo así, ciudadano del mundo?
Hay más cosas compatibles de lo que parece. No comparto la idea de ser ciudadano del mundo. Soy de Palencia, soy español, me siento así y creo que todos tenemos una identidad propia. Me siento de un lugar pero mantengo un respeto absoluto por el resto, nunca de forma comparativa. No soy más que nadie por ser español o catalán por ejemplo. Cada uno siente su identidad y tiene que integrarla en una identidad mucho mayor que es la que nos rodea.

¿Cómo fue el proceso de búsqueda de financiación?
Frecuentemente se ríen de la propuesta. Siempre juzga gente con menos criterio que vosotros y os juzga de una manera muy arbitraria. Hay gente respetuosa pero muchas veces te están cuestionando. Cuando volvimos del viaje nadie nos dio la enhorabuena por haberlo realizado ni nadie nos ha dicho “me ha gustado”. Cuando volvimos de dar la vuelta al mundo quedamos con el encargado de Toyota un día y una hora, llegamos puntuales y fuimos al complejo de Alcobendas de la marca. Llamamos a recepción para que supieran que los de la vuelta al mundo íbamos a parar el coche por última vez. La secretaria colgó el teléfono y nos dijo “dice el encargado que muchas gracias, que ya os podéis ir”. Ese hombre estaría pensando en la promoción, en los números... pero más allá de números estábamos nosotros. Es duro, ya lo veréis.

¿3 consejos para alguien que vaya a dar la vuelta al mundo?
El primero es que no permitáis que comercialicen con vuestros sueños, creed en eso y no hagáis caso a posibles desprecios. El segundo es pensar en la esencia de vuestro viaje: vueltas al mundo hay miles, pensad en lo que queréis contar y sed coherentes con eso. El tercer consejo sería ser suficientemente flexibles para cambiarlo todo manteniendo esa esencia.

Se te ocurrió la idea de la vuelta al mundo en 2002 pero no fue hasta 2006 cuando presentaste el viaje. ¿Qué pasó en esos 4 años?
Primero fue la faena de documentación, que duró un mes. Luego fue el desarrollo, que duró varios meses. Buscar el equipo, llamar a 303 empresas contadas teniendo 60 reuniones con ellas. Yo tenía una disciplina y esto puede llegar a ser obsesivo. Cuando tienes tanta fe en algo llega un momento que has de valorar hasta qué punto es fe y hasta cuál es obsesión. Hubo un momento que rocé el límite. Yo me levantaba y todos los días hacía 10 llamadas a 10 posibles patrocinadores de una lista enorme.

¿Cómo has evolucionado como persona?
Te ayuda a relativizar las cosas, a tomar perspectiva, a sentirte integrado en algo más grande. Nosotros somos nosotros. En mi caso, yo diría que no me cambió radicalmente porque yo ya tenía ciertos pilares en el momento de la partida. Se trata de confirmar cosas y modificar algunas. Como periodista te lo da todo, somos contadores de historias y todas ellas merecen la pena.

¿Puedes adelantar alguno de tus futuros proyectos?
Hay uno que me seduce especialmente: hacer un Japón-Nueva Zelanda. Sería mediante el transporte local yendo de isla en isla viendo a los indígenas de allí. Si Un mundo aparte es Rock'n'Roll, esto sería Heavy Metal. Sería una progresión lógica.

¿En algún momento pensasteis en abandonar?
No, ninguno lo pensamos. Pero si en algún momento se nos pasó por la cabeza fue cuando nos quedaba menos por delante que por atrás. Había una gran de compartida por los tres y nadie hizo amago de tirar la toalla nunca. Cabreos y desesperaciones sí pero nunca se planteó como opción el abandono.

¿Crees que el documental se queda corto respecto a todo lo que habéis vivido? ¿Hay alguna anécdota o historia por contar que no salga y debería salir?
Hay vivencias que no tienen cabida, hemos tenido que hacer una elección importante del material. Lo que yo considero relevante está. Hay una parte de viaje que merecería otro formato, ya no sería un documental. Hay puntos de vista que podrían ser interesantes de compartir en un blog o un libro, realmente hay mucho que contar.

¿Qué has sentido más, vivir la experiencia o contarla?
No lo había pensado nunca. Es un doble viaje, vivirlo y contarlo. Me siento muy recompensado por todo lo que ha dado el documental terminado y las muestras de cariño y palabras amables de la gente. Contarlo es una gran experiencia, pero me quedo con lo que he vivido.

Después de tanto viajar, ¿no estás un poco cansado?
Si perdiera la capacidad de sorpresa, se acabó. Viajar es una especie de droga buena que te abre contínuamente puertas para llevarte a nuevos escenarios. Te va sugiriendo lugares, es inagotable. Hay muchos sitios que me gustaría ver, sin duda.