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Rueda de Prensa


¿Cuál es la peor experiencia que has tenido?
Si me cuentan una cosa, me la puedo creer o no; pero si la vivo yo no me queda más remedio que pensar que estoy loco, que me he puesto hasta arriba de peyote y estoy flipando o que verdaderamente ha ocurrido algo.
Mi peor experiencia fue en una de las últimas expediciones a la Selva Amazónica. Dicen que estos lugares están defendidos por el entorno, por el ambiente, por la propia naturaleza. Lo cierto es que conforme te vas acercando a determinados sitios, el volumen de serpientes es brutal y pasas de ver una al día a ver doscientas. Empezamos a notar que el entorno se revolvía, las tormentas caían con una fuerza tremendamente virulenta, cada vez se hacía más difícil caminar por estas selvas… En mitad de la noche, cuando casi no se puede dormir debido a la enorme vida que hay, se hacían unos silencios sepulcrales. Hubo un momento que hablamos con uno de los compañeros de la expedición y dijimos “vámonos porque sea lo que sea no nos quiere”. En esa ocasión yo creo que estábamos muy cerca y nos tuvimos que dar la vuelta. Ahí es donde más miedo he pasado en mi vida porque tenía la sensación de muerte inmediata.

¿Crees en estos fenómenos extraños?
Muchos fenómenos extraños no son tales fenómenos extraños sino que, simplemente, no conocemos la explicación científica. El método científico se aplica siempre y muchas veces, posiblemente en un 90% de las ocasiones, consigues esa explicación a lo que está sucediendo. Aún así, hay un porcentaje en el que esa explicación no llega y entonces es cuando no hay más remedio que asumir que estás ante algo que, de momento, es paranormal. Siempre se parte de la idea que estamos ante un fraude o ante un hecho que tiene explicación científica, cuando no la tiene es cuando te pones a temblar.

¿Puedes poner algún ejemplo?
Año 92, madrileño barrio de Vallecas. Se recibe una llamada en la centralita de policía de una familia que está absolutamente aterrada. A la vivienda se personan tres policías que aseguran que, cuando se disponían a subir, bajaba un sacerdote corriendo como si tuviera al demonio detrás. Los policías entran y se encuentran a la familia atrincherada en el salón porque dicen que están sufriendo todo tipo de fenómenos. Estos parten, según ellos, de la muerte de su hija, una niña que, haciendo una ouija en el colegio, fue víctima de la posesión del diablo cuando el vaso que utilizaban se rompió, salió una especie de humo y se metió en su interior. A partir de ahí, la niña entró en estado catatónico y a los dos meses murió.
Nosotros hicimos todo tipo de pruebas, incluso sometimos a procesos de hipnología a los propios policías. Tal fue la magnitud de lo que se encontraron que uno de ellos llegó a desenfundar su arma reglamentaria porque la puerta de un armario se estaba abriendo y cerrando sola con una virulencia tremenda. Entraron en la habitación de la niña y se daron cuenta de que un crucifijo de repente se caía y se daba la vuelta y que una especie de ente invisible rasgaba literalmente de arriba abajo uno de los pósters que había en la habitación sin que aparentemente hubiera nadie más en ella. Eso queda reflejado en el informe policial y es la primera vez en la historia que unos policías reflejan fenómenos de índole paranormal en un informe que queda ahí para quien quiera consultarlo.